Marca Deportiva

Mar del Plata, Argentina, 19 de Noviembre de 2008

Opinion

por Silvana Trapani

Secuelas de un temporal

Mucha tela para recortar dejó el Campeonato Nacional Sub 15, disputado en Necochea la semana pasada y que coronó campeones a Mar del Plata y Río Cuarto por haberse suspendido el encuentro por temporal.

Hace días nomás la selección sub 15 de fútbol de Mar del Plata partió rumbo a Necochea para cumplir un sueño: coronarse como la mejor del país en un torneo que lo pondría frente a frente con los otros once seleccionados más competitivos de la Argentina.

Los chicos estaban orgullosos de vestir la “roja” y convencidos de que debían dar lo mejor de sí para conservar el prestigio de la liga local y llevarla a la cima del fútbol chacarero. Y a lo largo del certamen demostraron que ese deseo se había transformado en un serio compromiso: lucharon como el desafío lo exigía y con actitud, fútbol y una temprana madurez quedaron en la historia.

Sin embargo, y lamentablemente, varios capítulos tiñeron este cuento de gris.

El prólogo fue bien alentador. El torneo de la Federación del Este sirvió para constituir un grupo sólido dentro y fuera de la cancha y para forjar una unidad que dejó un saldo más que positivo. El representativo local se coronó campeón invicto tras doce presentaciones en las que consiguió 10 victorias y 2 empates, con 35 goles a favor y tan sólo 5 en contra. En resumen, tuvo un desempeño brillante que incluyó goleadas y lujos y que dejó en evidencia que la cantera del fútbol local sigue dando sus frutos.

En el inicio del campeonato nacional, las cosas no fueron distintas. Los dirigidos por FabiánVillarreal arrancaron con una sonrisa y así despacharon a Villaguay, su rival en el debut, con un contundente 4-0. Luego llegaría Viedma, un conjunto aguerrido que a base de inteligencia en el planteo y confianza en sus propias aptitudes complicó las aspiraciones de rápida clasificación. Sin embargo, la resistencia y un gol de otro planeta le entregaron a nuestra selección las llaves de las semifinales. De este modo, los pibes demostraron que en las fáciles y las difíciles eran capaces de dar pelea y salir airosos, en pos de un objetivo definido de antemano.

Con el primer escollo superado y la satisfacción de encontrarse entre los mejores cuatro, el cuerpo técnico decidió dar un descanso a los titulares que traían sobre sus espaldas el peso de haber disputado prácticamente cuatro finales en cuatro días. En este sentido cabe recordar que el fin de semana previo al torneo de Necochea los chicos habían sido protagonistas de la definición de distintas categorías del fútbol de la “feliz” y que horas después, bien temprano, emprendieron el viaje a la mencionada ciudad bonaerense para debutar esa misma tarde. Si bien la recuperación a esa edad es más veloz que la de un mayor, el entrenador consideró que poner un freno a esta excesiva cantidad de partidos consecutivos era la mejor opción para afrontar una nueva instancia decisiva.

Pero sin esperarlo y mucho menos buscarlo, el conjunto marplatense recibió su primer golpe. Río Cuarto se cruzó en su camino con la necesidad de ganar por una buena diferencia para hacerse dueño de la única plaza que quedaba vacante para la ronda final. Y verdaderamente dio cátedra. Mar del Plata, con una formación alternativa, jamás le encontró la vuelta a su oponente y no supo contrarrestar los errores propios de un grupo de jugadores que salieron a defender la camiseta sin haber jugado juntos anteriormente. El 7-0 en contra, la consecuente clasificación de los cordobeses y la eliminación de Rafaela (pese a haber conseguido un 8-1 ante Saladillo) levantaron sospechas respecto de la honorabilidad de nuestros representantes. Sin embargo, todos aquellos que concurrieron a la cancha de Del Valle saben que esas dudas son totalmente injustificadas. Es cierto que los muchachitos jugaron el peor partido de la campaña pero también es verdad que jamás dejaron de intentar y que, con el resultado sellado, sufrieron como nadie.  Además, es importante rescatar una frase vehemente de Fabián Villarreal, que vivió ese partido desde afuera por estar suspendido: “yo siempre les dije que podemos ganar o perder pero jamás quiero ver a los míos con la cabeza gacha”. Una prueba más que elocuente de que perder no estaba en los planes…

Las cartas ya estaban echadas y la ira de los rafaelinos, defensores del título, pudo haber terminado literalmente en tragedia, cuando los integrantes de esa delegación, menores y adultos, increparon bruscamente a la selección mientras cenaba en un restaurante céntrico. Un hecho merecedor de varias líneas en la sección policiales.

Más tarde, una vez que el escándalo quedó atrás, Mar del Plata se cruzó con Posadas y otra vez dio claras muestras de su jerarquía. Con el 3-1 en el bolsillo, la roja celebró por primera vez la posibilidad de ocupar los lugares de mayor privilegio del podio.    

Así, la final se hizo realidad. Nuevamente Río Cuarto fue el contrincante, pero no el mayor obstáculo. Una tormenta descomunal tiró por tierra o mejor dicho por el aire las ansias de ambos conjuntos de quedarse con el lauro mayor. Ansiedad, incertidumbre, desilusión, tristeza e indignación fueron sólo algunas de las sensaciones que desfilaron simultáneamente por la cabeza de los chicos. Sus gestos, sus caras ponían de manifiesto que nadie le encontraba explicación a una final que quedaba inconclusa, a un título que quedaba sin dueño, a la decisión de un Consejo Federal que resolvería en una oficina lo que tradicionalmente se resuelve sobre el verde césped. Era el broche que faltaba a una desorganización organizada.

En resumen, no hubo vuelta, pero sí dos campeones que aportaron nuevos nombres a la estadística; nada más.

 

Mucha tela por cortar

 

Luego de experiencias fructíferas en las cuatro ediciones anteriores, el torneo 2006 dejó varios puntos a corregir. En lo exclusivamente deportivo, el nivel no alcanzó para colmar las expectativas. En lo organizativo, no se tejieron alternativas para evitar una seguidilla de cotejos que no le hacen bien a los protagonistas ni al espectáculo. En tanto, la programación de las fechas se definió a última hora lo que acarreó ciertos inconvenientes que una correcta previsión hubiera permitido evitar. Desde la dirigencia y también desde los medios, el apoyo fue escaso. Y otra vez la televisión apareció para desplegar su despotismo e impedir incluso que el cuerpo técnico de la selección nacional juvenil pudiera observar el talento de los verdaderos actores de esta historia.

Por otra parte, en casa, los trapitos aún deben lavarse ya que desde el seno de una liga marplatense que prácticamente se desentendió de la responsabilidad de sostener una selección, pateando la pelota al club que quisiera hacerse cargo, aún siguen poniendo en tela de juicio la nobleza de un grupo de trabajo que brindó por completo su capacidad y su experiencia y que además fue avalado por los números.

Es hora de crecer, pero evidentemente la senda elegida no llevará a buen puerto.

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