Comienza el Torneo de Verano, y a pesar del entusiasmo que siempre genera, pocos serán los partidos de alto vuelo futbolístico. Los equipos recién comienzan las pretemporadas pero el negocio puede más que cualquier intento de lógica.
Los Torneos de Verano sin dudas que son un clásico del verano marplatense. Tienen una rica historia, que con el correr de los años fue decayendo. Mar del Plata fue el primer organizador, y el viejo estadio San Martín fue testigo de grandes partidos con grandes figuras, como el Independiente campeón de América con Bochini en los ´70 o selecciones extranjeras. Y el estadio José María Minella guarda entre sus noches de gloria, aquella magnífica "
chilena" de Enzo Francescoli el 8 de febrero de 1986, gol del triunfo 5-4 ante Polonia tras ir perdiendo 4-2. Y ni que hablar de un sinfín de clásicos entre Boca y River, que nunca son amistosos.
Sin embargo, hay que ser justos, y decir que
el nivel de los torneos de verano de quince años a esta parte ha decaído notablemente. Y tiene sus lógicos justificativos. Equipos con escasos días de preparación, con jugadores de músculos duros, que se ven obligados a "
defender el honor de la camiseta" en un clásico, como ocurre con Independiente y Racing, a cuatro días de haber comenzado sus pretemporadas. Entonces es difícil que estos equipos puedan brindar un buen espectáculo. Y están los entrenadores también, que a pesar de las críticas de la organización, no arriesgan en el comienzo del torneo a sus principales figuras con total razón. Claro que hay excepciones, porque, guste o no, los resultados de los partidos de este certamen pesan a la hora del "balance" de un entrenador. Pregúntenle a Ramón Díaz, que tras caer en Mar del Plata ante un Boca repleto de juveniles, se tuvo que ir de River, o lo fueron. Miguel Angel Russo debutará como entrenador del "
xeneize" en este torneo, y la lupa del hincha observador estará más atenta que nunca. Entonces difícilmente no ponga a Palermo o a Palacio ante River.
Pero la expectativa siempre está. Es el único momento del año en que los marplatenses podemos ver en acción a los Palacio, Belluschi, Montenegro, Lavezzi...La gente los quiere ver y está bien. Pero debe entender por qué no se dan buenos espectáculos, por qué los entrenadores no ponen a los mejores jugadores, y por qué se hace el torneo en medio de una pretemporada: porque es un
negocio enorme para los organizadores -siempre lo fue- y la televisión aporta mucho dinero, como a lo largo del Apertura y Clausura.
Siguiendo con el espectáculo, esta vez, más en contra será para el torneo el estado del campo de juego del José María Minella. A pesar del notable esfuerzo de los empleados municipales por ponerlo a pleno nuevamente, no está en condiciones para que se juegue un torneo en el que jugadores ultracotizados o no se expondrán a una posible lesión. Pero el negocio es fuerte, claro.
La seguridad es otro tema importante, a pesar que Jorge Bosco -presidente de la Liga Marplatense de Fútbol-, se moleste por que se pregunte sobre eso en la presentación del torneo. "
Hablemos de fútbol, muchachos...", queriendo sentarse del lado de los periodistas y "
esquivar el bulto". El Coprosede aplicará el derecho de admisión, y los violentos reconocidos no estarán en Mar del Plata viendo los partidos. Y a pesar que se desmienta, el aumento del valor de las entradas, está directamente relacionado al costoso operativo policial que Torneos y Competencias debe hacerse cargo.
A pesar de todo, al menos el año pasado se pudo ver joyitas del "
Kun" Agüero y un River-Boca apasionante bajo la lluvia.
No mucho más. Y este año, la ilusión está en ver nuevamente un buen superclásico, la expectativa en ver a Ramón Díaz enfrentar por primera vez en la historia desde el banco de suplentes a su querido River (con Passarella del otro lado) y en ver en acción al campeón del fútbol argentino, Estudiantes, con la presencia de la "
Brujita" Verón.
Ojalá que quien escribe esto se equivoque. Que haya goles de buena factura, partidos emocionantes, y pibes que asomen como alguna vez lo hicieron los Gago, los Higuaín, los Agüero o el propio Passarella allá por 1974, debutando en el San Martín ante Boca. Ojalá que el alto precio de las entradas abonadas por el público, valgan la pena y se vean retribuídas, cada centavo, en una buena jugada.