Peñarol se quedó con las manos vacías en la final de la Liga Nacional. Nunca pudo desarrollar su verdadero juego, y fue superado por un rival de jerarquía y que no tenía ninguna obligación. A pesar de todo, felicitaciones por semejante campaña.
Peñarol dejó atrás su sueño de campeonar, y deberá esperar a la próxima temporada para volver a ilusionarse con un título. La cruel historia del deporte, marca generalmente que los que quedan en el recuerdo, son los campeones únicamente, y no los segundos, mal llamados "perdedores". Pero sin dudas que la campaña del elenco "Milrayita" (44 fechas primero en la fase regular, campeón Súper 8, finalista Copa Argentina)
quedará en la memoria principalmente de los amantes del básquetbol en Mar del Plata, y también del resto de la Argentina. Porque realmente
fue un batacazo a los pronósticos que Peñarol no haya sido el campeón de la Liga. Un equipo que a lo largo del año dio hasta el final, lecciones defensivas, y por momentos dio espectáculo atacándo el aro. Que mostró a jugadores en enorme nivel (Míkulas, Osborne y Rodríguez), ayudados por jóvenes que hasta entonces eran desconocidos o innecesarios (Mata, Muruaga, Diez).
Pero Peñarol fue superado ampliamente por Boca Juniors, un rival de jerarquía, y que fue muchísimo más fuerte mentalmente que el elenco marplatense, que quizás sintió inconscientemente la presión -
sobre todo en casa- de ser campeón.
Boca no tenía nada que perder, venía de remontar dos series 0-2 ante Ben Hur y Libertad, luego de un año irregular con la salida de Cadillac del banco y la sorpresiva aparición de Piccato -asistente- como entrenador. En cambio,
Peñarol llegaba con el enorme cartel de candidato, habiéndo sido indiscutidamente el mejor equipo del año. Pero en esta final estuvo lejos de lo desplegado a lo largo del año, fundamentalmente en la ofensiva, con porcentajes bajísimos en tiros de cancha, y con individualidades que sólo tuvieron chispazos de talento.
Míkulas y Osborne, titanes defendiendo, generalmente estuvieron "finos" con el aro. Esto no ocurrió en la mayoría de los juegos de la final.
"Tato" Rodríguez perdió ampliamente el duelo con Legaria, no pudiendo tirar cómodo y alternando con Festa.
Pittman no fue el "asesino" de siempre, y chocó siempre ante la gran defensa "Xeneize". Y desde el banco no se encontraron las respuestas que sí se habían encontrado durante el año. Seguramente, se escapan en estas líneas innumerables cuestiones tácticas que quien escribe no está apto para analizar. También hubieron atenuantes, como jugadores engripados y no en la mejorforma física, un supuesto problema personal de Osborne, etc. Pero a la vista de todos, ocurrió lo expresado hasta aquí.
Boca fue campeón y está bien por lo demostrado en el sprint final. Ya habrá tiempo de revancha para el elenco marplatense, que hizo vibrar a la ciudad, marcando récords de concurrencia en los play offs. Será esta derrota una herida difícil de cerrar. Pero hay material para pensar en repetir nuevamente una campaña similar, y ya con más experiencia, poder volver a campeonar, como en el 93/94.