La escandalosa y desechada intensión del CoProSeDe de suspender el estadio de “Once Unidos”, no hizo más que volver a sacar a luz la falta de criterio de un organismo que aún poco ha hecho por la seguridad del deporte.
Quilmes clasificó a los cuartos de final de la Liga Nacional de Básquetbol y dejó en el camino a un “pez gordo” como Atenas de Córdoba. Y lo hizo en el estadio Once Unidos finalmente.
Como debía ser. Como nunca debió estar en duda.
El viernes 4 de abril de 2008 habrá quedado en la historia como el día más ridículo en materia organizativa deportiva.
Marcadeportiva.com siguió desde temprano, paso a paso, el desarrollo de las 24 horas posteriores a la injustificada suspensión del escenario de Parque Luro por parte del CoProvocador…perdón, CoProSeDe (Comité Provincial de Seguridad Deportiva). Y luego del fallo del juez en lo Correccional Manuel Fernández Daguerre,
que en diálogo con este portal dejó sentado los por qué de la medida de “no innovar” (14.30 horas), el organismo que se encarga de la seguridad del deporte provincial
recién cerca de la hora 19 anunció mediante su secretario ejecutivo, Inspector Rubén Pérez, que no podían brindar operativo policial para el encuentro que debía comenzar a las 21.30, es decir dos horas y media después. Vergonzozo. Patético.
¿Jugada política o devolución de “gentilezas” a la justicia?. Más poco serio aún son los motivos por el cual el CoProSede actuó de “oficio” y optó por la suspensión de Once Unidos. Si bien es lógico que no se permita una excesiva cantidad de papeles tirados al campo de juego (falla de la policía) tanto como la invasión de espectadores al centro del escenario pos partido (falta de respeto del público),
estos motivos no son válidos como para aplicar una suspensión. Peor aún es que la medida se haya tomado tras observar todo por televisión (los supuestos veedores no fueron identificados ni se hicieron identificar).
También quedó claro que nada hubiese pasado si los integrantes de Atenas de Córdoba no hubiesen creado el escándalo que crearon.
Un show televisivo pareció lo del señor Carlos Bualó acusando un golpe en el ojo y el jugador Bruno Lábaque o Leandro Palladino (se acusó al primero, pero aparentemente fue el segundo) tirando la famosa y secuestrada botellita de Gatorade al campo de juego. Partido cortado, gente exaltada, protagonistas protestando fuera de sí….Lo cierto es que el CoProSede no utilizó estos argumentos para la sanción,
simplemente porque el informe policial de la Comisaría 7ª desechaba todo tipo de agresión por parte del público de Quilmes. Entonces debió agarrarse de los papelitos al campo de juego…la invasión…la supuesta sobreventa de entradas…
Se dice que el CoProSede tiene
una atención “especial” hacia Mar del Plata. Un policía dio ese punto de vista off the récord a quien firma esta nota.
“Están esperando cualquier incidente para caerle a Peñarol, Quilmes, Aldosivi o Alvarado. Si Quilmes presenta el recurso de amparo (cosa que ocurrió), la próxima temporada no juega más en Once Unidos”.
Palabras de alguien que está adentro de la esfera policial. Vale que las reproduzcamos.
En fin. Designación de 80 efectivos para partidos de Torneo Argentino B con 120 espectadores (como ocurrió con Cadetes de San Martín la temporada pasada), que la cancha de Kimberley para un partido es segura y para otro no (el ex titular del CoProsede, Mario Gallina una vez elogió el “José Alberto Valle” presente en un partido de Unión, y a la semana lo obligó a jugar en el estadio Mundialista); que al “Minella” le falta un foquito en la entrada; que
¡Peñarol-Quilmes se juegue en Olavarría!, como propusieron años atrás; que Aldosivi juegue con San Martín de San Juan en Tandil y a puertas cerradas; y muchas decisiones más que otros recordarán.
Por último, vale decir que
Quilmes deberá aprender que algún día deberá jugar en el Polideportivo “Islas Malvinas”. Tamaño escenario no puede ser desechado por el club de Luro y Guido. Nadie duda lo que genera Once Unidos, la presión al rival, el contagio al jugador propio, la nostalgia de viejas batallas…Pero lo lógico es que los dos equipos de nuestro básquetbol compartan al “Gigante de la Avenida Juan B. Justo”.
Algún día no muy lejano deberá hacerlo por cuenta propia, como progreso propio. Y no echado por un organismo que intenta tener soluciones contra la violencia pero que, como todos los encargados en seguridad deportiva del país, no tienen la brújula que rumbee hacia una planificación seria y con fundamentos sólidos para lograrlas.