Marca Deportiva

Mar del Plata, Argentina, 12 de Marzo de 2010

Opinion

por Adolfo Carrizo

Sueño cumplido

Juan Curuchet conquistó un sueño pendiente y llevó al deporte de Mar del Plata a lo más alto del plano internacional consagrándose campeón olímpico en la Americana junto con Walter Pérez. El repaso por el logro y la historia de Juan de la mano de

El marplatense Juan Curuchet logró en la mañana de nuestro país alcanzar la gloria máxima que puede haber en la carrera de un deportista, cumplió el sueño que persiguió durante 25 años al coronarse campeón olímpico.

Sabido es que en nuestro país es muy difícil dedicarse plenamente a una actividad deportiva de alto rendimiento, que cuesta mucho luego de elegido ese camino encontrar el sustento para uno, para la práctica y también para la familia, pero hay quienes no piensan en esas cosas y deciden seguir por la senda. Cueste lo que cueste y sacrificando lo que se deba sacrificar en pos de alcanzar los objetivos planteados.

También se sabe lo difícil que resulta, y sobre todo desde estas tierras, competir en el máximo nivel mundial contra los rivales europeos, pero más difícil aún resulta mantenerse con el paso de los años ya que el calendario no discrimina y el tiempo pasa para todos.

Justamente esas son algunas de las barreras que quebró Juan Esteban Curuchet y por eso alcanzó los éxitos que hacen que sea reconocido entre el resto de la gente y celebrado por quienes disfrutan de sus triunfos.

La vida del marplatense traía desde el inicio mismo algunas cosas implícitas, lucha, sacrificio, esfuerzo y finalmente triunfo. Según él mismo contó, el día de su nacimiento, un 4 de febrero de 1965, cuando su madre dio a luz, se produjo un corte de electricidad, paradójicamente eso iluminó el camino de Juan.

Descendiente de una familia de ciclistas, su padre Ovidio, sus tíos y su hermano Gabriel competían desde temprana edad, pero en ese primer momento Juan eligió al fútbol como su deporte, no lo hacía mal, cercano a los 15 años cuando aún se desempeñaba en el plano de la Liga Marplatense, algunos clubes de Capital ya intentaban llevarlo.

De todas formas, ese fue sólo su inicio en el deporte, un día su padre viajó con Gabriel a una carrera en la zona y ahí Juan aprovechó la ausencia de los mayores para tomar prestada una de las bicicletas que había en la casa y empezar a pedalear. La primer carrera que hizo terminó con él como ganador, todo un anuncio.

Así compartió sus deportes hasta que finalmente se inclinó por el ciclismo.

En 1981 obtuvo los títulos de campeón argentino juvenil en las especialidades de velocidad y kilómetro y de ahí en más no paró nunca de ganar, es uno de los pedalistas argentinos con más títulos nacionales en su haber, sólo en mayores ganó 15.

Las oportunidades de mostrarse a nivel internacional no tardaron en llegar, así fue como integró el equipo nacional que representó a Argentina en los Juegos Olímpicos de Los Angeles en 1984, para ese entonces Juan competía en la tradicional prueba de medio fondo o puntable en la que ese año finalizó 5º.

Luego llegó el turno de Seúl en 1988 y la segunda cita olímpica, otra vez la prueba de puntos y nuevamente un 5º puesto.

El inicio de la década del 90 no fue del todo feliz, algunas diferencias con la dirigencia de ese entonces le impidió viajar a Barcelona 1992 y lo mismo sucedió para los Panamericanos de 1995 que se realizaron en Mar del Plata, en aquel momento los dirigentes se justificaron diciendo que Juan estaba grande, tenía apenas 30 años. Para demostrar lo equivocada de la visión dirigencial, unos meses después y en compañía de su inseparable hermano Gabriel se consagró subcampeón mundial de americana en Colombia.

En Atlanta en 1996 volvió a la prueba por puntos pero esta vez quedó 16º, un poco más lejos y a partir de allí su carrera la dedicó a la americana. Preparó los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 junto a su hermano Gabriel y finalizaron 7º en la general, luego de llegar como campeones panamericanos consagrados en Winnipeg (Canadá) en el año anterior.

El ciclo olímpico que va de 2000 a 2004 tuvo una transición importante, Gabriel decidió su retiro hacia fines de 2002 y Juan tuvo que meterse de lleno a la tarea de buscar un compañero. Allí apareció Walter Fernando Pérez, otro gran ciclista que por ese tiempo no sentía grandes motivaciones para seguir pedaleando.

Primero hubo que convencerlo de volver al primer nivel y después moldearlo al gusto y la experiencia del marplatense que con gran ahínco en esa función lo llevó a la cima del mundo cuando en Melbourne, Australia lograron para Argentina el primer título mundial de elite, desde ese día los dos pasaron a llevar en sus prendas de competición un arco iris insignia que mantendrán de por vida y que los identifica como Campeones Mundiales.

Llegaron a los Juegos Olímpicos de Atenas como los máximos aspirantes al título pero no pudieron revalidar la chapa que tenían encima, hubo sobre ellos demasiada presión de parte de sus rivales y ni siquiera pudieron meterse entre los primeros diez.

El año 2005 fue para Juan un año de revancha, la Unión Ciclista de la República Argentina, presidida por su hermano, tuvo a su cargo la organización del campeonato panamericano de ciclismo y la sede elegida fue Mar del Plata, allí Juan logró lo que diez años antes no lo dejaron, ser campeón en su tierra y delante de su gente.

Pero de ahí en más el camino nuevamente encontró desafíos nuevos, la selección nacional decidió cambiar de entrenador y Juan sabía que si quería apuntar a Beijing, necesitaba alguien de experiencia y saber suficientes para hacerlos. No lo dudó y fue en busca de Giovanni Lombardi, un italiano que además de ser ciclista profesional en Europa, corrió Giro de Italia, Tour de France, Vuelta a España y carga en su palmarés el título de Campeón Olímpico en Barcelona 92, además lo vincula a Juan el hecho de ser el padrino de Martina, la única hija del marplatense.

Con él y con su compañero Walter iniciaron un nuevo camino en busca del mismo objetivo de siempre, aquel que llevaba 20 años siendo esquivo. La preparación dispuesta empezó a correr contra reloj luego de la obtención de la medalla de oro en el Panamericano de Río de Janeiro 2007, ese día los argentinos usaron una estrategia distinta y sorprendieron a propios y extraños.

Para Beijing 2008, ningún detalle fue dejado al azar, Juan y Walter en Argentina y Lombardi desde Europa controlaron todo lo que había que controlar. La preparación se siguió al pie de la letra y cada vez que hubo que competir en el extranjero viajaron a cumplir un plan de entrenamiento y no de carrera.

Hace unos días Juan dijo desde China que usarían la mejor táctica de la historia y así fue, el resultado lo demuestra, pero esa táctica empezó a desplegarse hace varios meses cuando hicieron creer a sus rivales que no llegarían a punto para estos Juegos.

Hoy en China, Juan Curuchet demostró que su documento marca una cosa, sus 43 años, pero sus piernas y su cabeza, otra bien distinta.

Entre todos los esfuerzos que debió hacer para alcanzar la gloria con la que hoy se baña, no sólo se deben contar sus horas de trabajo, Juan trabaja arriba de su bicicleta, a veces cuatro, otras cinco, otras seis horas por días, a veces doble turno. También se debe contar que por estar compitiendo en algún lugar del mundo no pudo asistir al parto de ninguno de sus cuatro hijos y que tampoco disfruta de ellos el tiempo que quisiera, pero así es esto, sin sacrificios no hay resultados, le dice siempre a los jóvenes que entrenan junto a él en su Mar del Plata natal, no miente.

La frase que dice “los sueños, sueños son” hoy quedó desmentida cuando el marplatense cruzó la meta y levantó los brazos. A los 43 años Juan Curuchet le dio un nuevo giro al destino y conquistó una de las páginas más importantes para el deporte de nuestra ciudad.

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