Peñarol como campeón de la Liga Nacional de Básquet 2009/2010, sigue dando que hablar. Te ofrecemos el análisis del equipo en la mirada de Teodoro Michalopulos, ex-jugador del club en una radiografía puesto por puesto de lo que hizo el "Milrayit
Como todos los pronósticos lo auguraban, Peñarol fue el campeón de La
Liga Nacional. Los hinchas festejaron hasta altas horas de la madrugada y
varios días después siguieron los festejos en distintos ámbitos de la
ciudad. Se logró el objetivo Nº1: la ansiada liga, después de 16 años
Peñarol fue campeón nuevamente por legítimo derecho y sobradas
cualidades.
Ganó todo lo que jugó, sólo queda como un dato anecdótico la Copa Argentina que se le escapó por diferencia de puntos, aunque a esta
altura es insignificante después del vendaval de triunfos obtenido por el "Milrayita". La gente disfrutó los dos títulos internacionales
obtenidos contra rivales de real valía y la estremecedora autoridad con
que se coronó campeón de la temporada 2009-2010.
Si uno se pregunta porqué Peñarol fue el campeón, parece fácil la
respuesta. Tiene el "as de espadas" Leo Gutiérrez, uno de los que más
ligas ganó junto a los históricos Pichi Campana y Marcelo Milanesio (7 cada uno).
Tiene a "Tato" Rodríguez, alma y corazón del equipo, el que a esta altura
ya es una gloria en actividad de la institución de la calle Garay. Tiene
a Martín Leiva, del que muchos dudaron en el arranque del torneo y el
que se encargó de demostrarle a todos que es un gran ganador.
Este trío pareciera ser la base de la pirámide de un equipo en serio.
Con mentalidad asesina, "debora-equipos", no importa la cantidad de
extranjeros que estos tuvieran, los salarios que cobraran, ni los
antecedentes que figuraran en sus curriculums. Peñarol simplemente los
aplastó sin darle lugar a reacción alguna.
Pero si seguimos analizando el resto de los motivos, tenemos muchos más.
Los roles de los distintos integrantes del equipo fueron casi
perfectos, un plantel largo y sólido hizo que Peñarol sea prácticamente
imbatible.
Marcos Mata, un jugador para los que gustan ver básquet de alto nivel,
le regaló a su gente jugadas que solamente él las puede hacer, sobre
todo defensivas. Puso tapas de otra galaxia a jugadores de altísimo
nivel, anotó puntos importantísimos y sobre todo le dio al equipo
envergadura de nivel internacional siendo en muchas ocasiones el máximo
rebotero del mismo.
Facundo Campazzo es el sucesor del gran capitán "Tato" Rodríguez.
Revulsivo como pocos, pero a su vez con una lectura del juego pocas
veces vista en un jugador de 19 años. Con una personalidad que muchas
veces dejó sin aliento al poli, tomando decisiones que otro en su lugar
difícilmente las hubiese tomado. Por eso "Facu" tuvo el reconocimiento de
toda la prensa y de los hinchas que no pararon de corear su nombre noche
tras noche.
Alejandro Diez, un todo terreno, la rueda de auxilio que tuvo el equipo
en todo momento. Sacrificio, entrega, pero también buena mano en
situaciones importantes y penetraciones a la canasta con una potencia
que sólo "Pamperito" las puede ejecutar.
El "Colo" Reinick, sencillamente un coloso, siempre listo y al ciento
por ciento. Los minutos que estuvo en cancha reemplazó a Leiva de la
mejor manera soportando a gente más grande pero no más fuerte que él.
Dejó el corazón en la cancha y se metió en el de los hinchas.
Sebastián Vega demostró ser un jugador que no tiene techo
basquetbolístico imaginable, depende exclusivamente de él. Más de un
nostálgico lo comparó cuando corría los contra-ataques, con el querido
"caña" Mignani en los tiempos en que éste hacía delirar al viejo
Superdomo, recibiendo un lindo pase del "Chueco" Haile o de "Motorcito"
Gianelli, viejas y lindas épocas aquellas.
Raymundo Legaria llegó como reemplazante natural de "Tato", pero el nivel
superlativo de Facundo Campazzo le quitó minutos en cancha aunque cuando
el equipo lo necesitó estuvo a disposición para sumar siempre.
Por último el rutilante Kyle Lamonte cayó como anillo al dedo a un
equipo que buscó esa ficha hasta que la encontró. Definió partidos, tomó
riesgos y anotó puntos importantísimos, pero además tuvo en muchos
momentos la generosidad de juntar marcas y pasar la bola al compañero
mejor posicionado para que defina la jugada. En conclusión un jugadorazo
con todas las letras.
Todos dejaron la vida en la cancha, transpiraron la camiseta de Peñarol
con un fin común. La química estuvo a flor de piel noche tras noche, esa
ansiada química que todos los entrenadores pregonan y quieren
conseguir, esa química que hizo que no importara quién fuese la figura
del partido, sino que la prioridad sea que gane el equipo: premisa de
los grandes de verdad.
Estos logros no se consiguen muy seguido. Se tienen que dar varias cosas
a la vez: reunir un grupo de jugadores extraordinarios, una hinchada
que fue incondicional y siempre soñó con el título, un grupo dirigencial
como el que tiene Peñarol, con Domingo Robles a la cabeza y todo el
equipo de trabajo que lo rodea. Estos dirigentes de lujo jamás se
bajonearon en las dos finales perdidas ante Boca y Atenas, todo lo
contrario siempre apostaron a más, a ganador, con todos los riesgos que
esto genera. Hoy disfrutan como nunca de un nuevo título de liga
Nacional para el "Milrayita".
Dejo para el final la apuesta más jugada de este grupo de dirigentes,
algo que como dijo en repetidas oportunidades Domingo Robles, sonaba
como una locura, tener en el banco de Peñarol a un técnico de los
quilates de Sergio Hernández. No se quedaron con la duda, se lo
propusieron y lo lograron.
El "oveja", manejó los hilos del equipo a la perfección. Le dio a cada
uno de sus jugadores un rol específico, priorizó el juego grupal ante el
individual y potenció al máximo las virtudes de sus dirigidos, sacando
lo mejor de cada uno de ellos haciéndolos sentir parte de los triunfos.
La desición de contratar a Sergio Hernández fue el puntapié inicial de
un proceso que seguramente quedará en la historia del club, no sólo por
lo deportivo, sino por el profesionalismo con que se llevó a cabo.
Rescato de Sergio una sensibilidad especial, una persona que tiene la
humildad de los grandes, jamás se lo escuchó prometer títulos, pero sí
trabajo, tampoco hablar de sus logros personales, pero sí el del equipo,
llámese cuerpo técnico, dirigentes y jugadores. Es por eso que si a un
Peñarol refinado en su juego le faltaba algo, la llegada del "Oveja" fue
comparable con esa tina de Roble que un buen vino necesita para ser
realmente distinto, único e irrepetible.
Es el momento de brindar con este vino. Salud!!! por los logros
obtenidos y a disfrutar del título.
* Ex-jugador de Peñarol en la Liga "A" (1988), además jugó en Regatas de San Nicolás, Newell´s Old Boys de Rosario, Atlanta "Villa Crespo", Atlético Cinco Saltos "Valle de Río Negro", Lanús, Estudiantes de Concordia, Ciclista de Junín y Central Entrerriano de Gualeguaychú. Después registró un paso por la Maxi-Liga y un breve regreso a la Liga A, convirtiéndose el segundo jugador en la historia en hacerlo.
Actualmente es comentarista de básquet en la Liga Nacional junto con el Equipo de Tiempo Deportivo Radio (FM 99.9 Mhz)